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Seba Fernández y el Food Rave

Texto: Q-Guia

 Un recorrido por la carrera de productor de Seba Fernandez y la propuesta de la Food Rave. 

Publicado el: 27/05/2013.Tags: Entrevistas, Resistencia

 -Para la gente que no te conoce, ¿quién es Seba Fernández?

Seba Fernández es un productor en el más amplio de todos los conceptos, o sea, antes se tenía únicamente el concepto de que el productor estaba detrás del producto y no era partícipe, y hace unos años el productor comienza a jugar ese rol de partícipe.

 -¿Podrías nombrar algunos ejemplos de en qué producciones específicas estuviste participando?

 En producción hice todas las tareas que se suponen de un productor, desde logística  o producción ejecutiva completa de eventos, sobre todo en recitales de acá, de la zona. Por lo menos fácil el 70 % (no hablamos de shows que organizaba el Estado) de los shows con entradas pagas de rock que se hicieron en el Chaco creo que los hice yo, de alguna forma, directa o indirecta, pero siempre teniendo participación. En algunos casos de participación indirecta creo que ni el productor general sabía que yo estaba participando.

 -¿Qué es una Food Rave y dónde nació?

 La food rave nació en Europa y en algunos lugares de Estados  Unidos, sobre todo en este país hace un par de años con la crisis económica cerraron muchos comercios de comidas o restaurantes, muchos chefs se quedaron sin trabajo y por ello empezaron a preparan menús  no convencionales, por ejemplo, un tipo decía “hoy voy a preparar una paella, pero a un precio popular” en el sentido de que por ahí para una perdona común en Estados Unidos comer una paella en cualquier lugar sale bastante caro, sobre todo en lugares que no están cerca de la costa; entonces, sobre todo si ya tenés muchos  jóvenes que se prenden a esto, en cualquier lugar que encontraban, por ejemplo en espacios culturales se ponían a cocinar ahí, sacaban el pizarrón y ponían “hoy langostinos”, por un precio aceptable. Quiere decir que hacían la comida de un restaurante, que es lo que tenían a favor, pero no en mesas individuales, sino en tablones como en los comedores universitarios. Y ya si tenés eso y tenés a alguien tocando la guitarra o tenés a un DJ pasando música… Sobre todo empezó, más que nada, con los DJ porque muchos de ellos trabajaban en los restaurantes, y es que  por ahí los lugares que realmente se “ponen las pilas” tienen una línea a seguir, por ejemplo si pasás música de fondo, por ejemplo jazz y entonces la comida tiene que ver con la música que pasás o la bebida también tiene que ver con eso. Por ejemplo, si vos tenés un Pub que pasa música electrónica, lo que menos vas a tener para tomar es whiskey, vas a tener más otros tragos o agua mineral y bebidas energizantes, que tienen más que ver con el consumo de la música.

Yo creo que la crisis es lo que llevó a crear la food rave. A mí lo que me pareció buenísimo, que es lo que después lo vivís en carne propia y no lo podés expresar es el tema de los olores. Una cosa es imaginarte, pero otra cosa es estar ahí. Te podés imaginar sólo el 10 % del olor real cuando estás ahí cuando lo sentís, vos no podés describir un perfume.

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 -¿Qué caracteriza a la food rave hecha aquí que la diferencia de la food rave original?

 En la food rave original hay un solo menú -o dos menús- que hace un chef en un lugar, nosotros acá –lo hablábamos con Fito, que es con quien hacemos nuestra parrilla- lo que planteamos fue hacer diferentes tipos, pero con comida no muy común. Nos propusimos tener como mínimo tres o cuatro mesas y como base que por cada mesa no se pierda más de $ 300, porque, como casi todos son emprendimientos de amigos-que lo hacen, no para hacerse millonarios, sino para pasarla bien-, entonces nos dijimos, ¿qué era lo peor que podría pasar? Perder $ 150 pesos cada uno en la compra de alimentos. ¿Esto qué significa? Para los que salen, 150 mangos equivalen a 8 cervezas o 100 gramos de faso; entonces ¿perdemos las 8 cervezas y los 100 gr de faso para probar cómo sale esto? Y, por otro lado, vamos a escuchar la música que queremos escuchar o invitamos al artista que nosotros queremos escuchar –todos los artistas amigos-, nos vamos a fumar unos fasos, que nos van a re abrir el apetito y vamos a terminar comiendo algo que nosotros queremos –un montón- y además nos va a quedar plata si eso sale bien. Con lo que nos encontramos fue, aparte de todo eso, vuelvo al principio de lo que dije, andar caminando y estar oliendo todos los olores de lo que se está cocinando. Es como el mar, a vos te pueden contar cómo es, pero, lo que vos te imaginabas, a la realidad cuando lo vivís, no es ni el 10 %. Por eso a mí me pareció muy loco, por ejemplo, oler por acá parrilla y más allá azúcar quemada u otra cosa… es una sensación que nunca la pasé antes porque, al estar en un ambiente abierto vas a tener otros olores ya que no es como la cocina de un restaurante donde todos los olores van a estar concentrados y no distinguís ninguno en particular. Sentís un olor a salado, o si entrás a una confitería, sentís el olor a dulce, pero no sabés que “eso” es un chocolate, allá es una vainilla porque está todo concentrado en un solo lugar. En la food rave te vas comiendo cachetadas de diferentes olores.

En cuanto a lo económico, por el sacrificio que hacemos está re bien la plata que se gana… No sé, cierra por todos lados. Nunca tuvimos pérdidas, en ninguna de las que se hizo –habrán sido unas siete u ocho- en ninguna se perdió dinero; más allá de que en las últimas dos food raves que hicimos tuvimos una colaboración simbólica para trasladar las cosas. Pero también es cierto que controlamos qué comida va a hacer cada uno, teniendo en cuenta que el precio de lo que se venda sea accesible. Por ejemplo alguien que venga con una galletita con caviar y que valga 70 mangos, no da. Siempre buscamos precios que oscilen entre los 10 o 15 magos, lo que vale una comida callejera; ese es el tope de precio, lo que vale un súper pancho en la plaza, pero que sea natural.

 -¿Cuáles fueron las propuestas culinarias?

Nosotros con la parrilla hicimos sándwiches de bondiola de cerdo; el otro chico que vende pizzetas trajo una receta que era de la abuela donde la masa se hace frita; después hay otra mesa de crepes de sabores variados con distintas mermeladas caseras; Gustavo Insaurralde tiene una opción más “bio” donde el cultiva sus propias plantas y se agregaron ahora las chicas de “El Yuyal” con sus panes rellenos y demás… también la gente de MAPA CHACO que hicieron un chipá guazú delicioso -y así matan dos pájaros de un tiro porque la plata que recaudan la utilizan para ayudar a los animales-.

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 -¿Qué repercusiones tuvo en la gente la food rave?

 Que a todos les gusta, no dijeron mucho porque acá nadie es expresivo. Si van, es porque les gusta. A la gente grande que va, por ejemplo, le gusta la posibilidad de probar otras comidas, ver qué onda. Y en el joven, bueno, porque fuma marihuana y el consumo de marihuana te cambia totalmente el sentido del gusto y tenemos en cuenta eso.

-¿Cuándo tenés pensado hacer la próxima food rave?

 Yo lo que estoy queriendo hacer ahora es una que se llame “Food Rave Gold Vip” donde vos vas a pagar una entrada, pero vas a tener tenedor libre adentro y que sea únicamente para unas 70 personas aproximadamente. El freno no va a ser el valor de la entrada, que estará entre los 40 o 50 mangos, pensado para una cantidad acotada de personas para ofrecer un buen servicio. Y después también teníamos pensado hacer, pero no sé si se va a poder hacer o no, es el 24 o 25 de mayo una Food Rave Criolla con empanadas, choripanes, locro, pero todo con el toque personalizado de lo que hace cada uno. Por ejemplo, si yo hago choripanes, voy a gastar en un chorizo de 7 mangos o un chorizo de pollo con salsa criolla, como para decir “sí, voy al choripán, pero con una alternativa”. O empanadas de matambre, estaba pensando. Cocino primero el matambre y después lo mezclo con todas las verduras. Estábamos viendo de buscarle vueltas por ese lado. El tema es, ok, no me hago millonario, pero hago lo que quiero… es medio así el concepto que tomé y al que no le guste, que haga su propia Food Rave en otro lado. Yo lo hago porque me gusta comer, porque me gusta fumar y porque me gusta escuchar música. Es decir, si querés que las cosas funcionen, tienen que tener personalidad; si tienen personalidad, le va a molestar al 90 % cuando arranques. O sea que, vos siempre sabés que cuando arrancás con algo, de por sí todo el mundo te va a decir que no. Si todo el mundo te dice que no, es porque estás totalmente acertado; si todo el mundo te dice que sí a algo que arrancaste, directamente, es por dos cosas: o porque chupaste las medias o porque es muy empalagoso. Yo llegué a un punto en donde me gusta todo lo malo, por decirlo así; o lo que no es correcto es lo que me atrae. Yo ya tengo un empacho del buen gusto, ya no tengo más criterios para las cosas. Entonces, eso, por suerte, es lo que te mueve a hacer nuevas cosas o cosas diferentes. Quiere decir que ya no hay criterio, porque si vos tenés criterio te vas a atajar, que es tener criterio, un parámetro; tampoco soy un tarado, quiero decir, en resumen, que creo que hay cosas que se tienen que cambiar.

 

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